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Tendencias del voto latino en Estados Unidos

El voto latino no es un bloque cautivo de ninguno de los dos partidos. Su comportamiento es más complejo y responde a las necesidades económicas percibidas.

La población latina es el grupo que más electores ha sumado en el electorado estadounidense:

pasó de representar el 7 % de los electores en 2000 al 16 % en 2026 (Pew Research Center [PRC], 2026a). En 2024, su desplazamiento hacia el Partido Republicano contribuyó al regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, pese al discurso antiinmigrante del entonces candidato.

Dos años después, la percepción de incumplimiento de las promesas económicas, en particular la reducción del costo de vida, y una política migratoria que muchos latinos perciben como excesiva han erosionado ese respaldo. Esto sugiere que el voto latino no es un bloque cautivo de ninguno de los dos partidos. Su comportamiento es más complejo y responde a las necesidades económicas percibidas.

En este artículo analizamos la evolución de ese voto y los resultados de la elección intermedia de 2026 en los estados con mayor electorado latino.

El péndulo latino

Históricamente, el voto latino ha favorecido a los demócratas. En 2000 les dio una ventaja de 27 puntos. Sin embargo, como muestra la Gráfica 1, ha sido todo menos estable. En 2004, George W. Bush redujo esa ventaja a 9 puntos, lo que contribuyó a su reelección. Con Barack Obama la tendencia se revirtió, hasta alcanzar en 2012 una ventaja de 44 puntos, la más alta del periodo.

Imagen 1

Fuente: elaboración propia con datos del Roper Center for Public Opinion Research (Cornell University), Suro et al. (2005), Pew Research Center (2008, 2012, 2016) y Edison Research (2020, 2024).

A partir de 2016, el péndulo volvió a inclinarse hacia los republicanos. Los latinos mantuvieron una preferencia mayoritaria por los demócratas, pero la ventaja se redujo a 38 puntos con Hillary Clinton en 2016, a 33 con Joe Biden en 2020 y a solo 6 con Kamala Harris en 2024, lo que favoreció el regreso de Trump. En doce años, los demócratas perdieron 38 puntos de ventaja en este electorado.

Este desplazamiento, sin embargo, no obedece tanto a un cambio de identidad partidista como a la evaluación de resultados. En 2024, por ejemplo, el costo de vida pesó más que la retórica antiinmigrante de Trump. Los resultados de la elección intermedia de 2026 respaldan esta hipótesis.

La elección intermedia de 2026

Un estudio longitudinal de We Are Equis (s. f.) dio seguimiento a latinos que votaron por Trump en 2024. Encontró que la mayoría esperaba una reducción del costo de vida y una política migratoria enfocada en personas con antecedentes delictivos. Hacia finales de 2025, ese mismo grupo expresaba decepción por el incumplimiento de las promesas económicas y rechazaba la política migratoria implementada, que calificaba de violenta. Cerca de tres de cada diez manifestaban decepción o arrepentimiento por su voto.

A ello se suma una percepción generalizada de mal desempeño económico. El 58 % de los votantes latinos republicanos considera que la economía está regular o mal, y el 90 % de los votantes latinos demócratas califica negativamente la economía en la administración Trump (PRC, 2026b).

Entre las preocupaciones específicas destacan el costo de vida y los precios de la gasolina, la energía, los alimentos y los bienes de consumo. La política migratoria también ha mermado el respaldo a Trump: el 62 % de los votantes latinos considera que la administración se excede en las deportaciones (PRC, 2026b).

El impacto del voto

Durante años, la influencia del voto latino se diluyó por su baja participación y su concentración en estados poco competitivos. Las elecciones intermedias de 2026 rompieron esa lógica.

El principal ejemplo es Texas, donde el 32.3 % del electorado es latino. Ahí, la demócrata Gina Hinojosa, de raíces mexicanas, se convirtió en la primera mujer latina electa gobernadora del estado. Además, James Talarico ganó el escaño al Senado, con lo que los demócratas pusieron fin a 32 años sin victorias estatales.

Ambos triunfos ocurrieron en uno de los estados donde Trump más avanzó entre los latinos en 2024. Eso los convierte en el indicador más claro del péndulo: el voto latino no pertenece a ningún partido y responde, principalmente, a la evaluación de las condiciones económicas de los hogares.

El patrón se repitió en Nevada, donde Aaron Ford derrotó al gobernador republicano Joe Lombardo. También en Arizona y Nuevo México, donde las demócratas Katie Hobbs y Deb Haaland retuvieron las gubernaturas para su partido. Florida fue la excepción. Es el único estado con un electorado latino elevado donde los republicanos conservaron la gubernatura y el Senado, aunque por márgenes mínimos: Byron Donalds ganó por menos de dos puntos y Ashley Moody por menos de tres (South Florida Times, 2026). En 2022, DeSantis y Rubio habían ganado por 19 y 16 puntos.

California merece mención aparte. La victoria de Xavier Becerra,primer latino electo por voto popular como gobernador de California, se suma a esta ola, aunque su peso es más simbólico que electoral en un estado de amplia mayoría demócrata.

Para México, destaca que los cuatro estados fronterizos tendrán gobiernos demócratas. Esto abre la posibilidad de una relación de mayor colaboración a nivel subnacional, sobre todo en seguridad fronteriza y migración. La política comercial seguirá definiéndose desde la Casa Blanca. Aun así, la nueva mayoría demócrata en el Congreso ofrece una vía de acercamiento con el Caucus México-EE. UU. y el Caucus Hispano del Congreso, a fin de facilitar el diálogo bilateral en comercio y seguridad.

Este texto fue escrito por Luisa Daniela Medina, quien es Analista en Grupo Estrategia Política.


Referencias:

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