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Nuevas dinámicas comerciales en América del Norte y sus implicaciones para México

El quiebre de las negociaciones entre Estados Unidos y Canadá ha alterado el equilibrio comercial de Norteamérica en un momento particularmente sensible para México.

El quiebre de las negociaciones entre Estados Unidos y Canadá ha alterado el equilibrio comercial de Norteamérica en un momento particularmente sensible para México. A primera vista, el deterioro de la relación entre Washington y Ottawa puede interpretarse como una mejora automática de la posición mexicana, ya que podría ofrecer margen para negociar aranceles más bajos, atraer inversión y ocupar espacios que Canadá podría perder en el mercado estadounidense. No obstante, esta supuesta oportunidad surge dentro de un sistema menos predecible, en el que el acceso comercial preferencial depende cada vez menos de lo estipulado en el T-MEC y cada vez más de la coyuntura política bilateral.

Con la llegada de Donald Trump a la presidencia en 2025, se adoptó de inmediato una postura de mayor firmeza comercial, que incluyó la propuesta de imponer nuevos aranceles a México y Canadá, pese a la vigencia del T-MEC. Posteriormente, Estados Unidos exentó de aranceles a una parte significativa de los bienes que cumplen con las reglas de origen establecidas en el tratado, aunque mantuvo gravámenes sobre sectores estratégicos como el acero, el aluminio, el cobre y la industria automotriz. Esto sugirió que, a partir de entonces, cumplir con los requisitos del T-MEC ya no garantizaba por sí solo el acceso a condiciones comerciales preferenciales, sino que dicho acceso dependía también de la solidez general de la relación bilateral con Washington.

México respondió a esta nueva realidad privilegiando un diálogo permanente con Washington,

mediante visitas constantes del secretario de Economía, Marcelo Ebrard; conversaciones telefónicas frecuentes entre el presidente Trump y la presidenta Sheinbaum (más de 17 llamadas hasta el momento); mesas de trabajo regulares con la oficina del United States Trade Representative (USTR), y negociaciones técnicas orientadas a atender las demandas estadounidenses y reducir los aranceles en sectores estratégicos. Canadá, en cambio, adoptó una estrategia de mayor confrontación y, en ciertos momentos, mantuvo abierta la posibilidad de responder con represalias comerciales propias. Ante estas diferencias de enfoque, Estados Unidos percibió a México como un interlocutor más pragmático, mientras que las conversaciones con Ottawa se desarrollaron de manera más compleja.


Con la ruptura formal de las negociaciones entre Estados Unidos y Canadá, el 21 de agosto de 2026, entraron en vigor aranceles del 50% a importaciones canadienses clave (que representan cerca del 2% del comercio bilateral). Como consecuencia, a partir del 8 de septiembre del mismo año, Canadá impuso aranceles recíprocos de entre 15% y 50% a productos estadounidenses de sectores estratégicos, entre ellos el agropecuario, el electrónico y el siderúrgico.

Diversos especialistas consideran que esta coyuntura representa una oportunidad para México. Si Canadá enfrenta mayores barreras arancelarias, México podría capitalizar su disposición al diálogo, su integración productiva y su capacidad para sustituir ciertas importaciones canadienses, con miras a obtener un trato más favorable. Ello también podría reducir la incertidumbre comercial, atraer inversión y consolidar su posición como socio estratégico de Estados Unidos.

Con todo, Estados Unidos mantiene un déficit comercial significativo con México, lo que ha llevado a la administración Trump a sostener que la relación económica bilateral favorece principalmente a su vecino del sur. Por ello, aunque el distanciamiento entre Washington y Ottawa podría aumentar las exportaciones mexicanas en el corto plazo, a mediano y largo plazo también ampliaría ese déficit, lo que podría derivar en nuevas presiones arancelarias y políticas desde Washington.

Además, si la Mandataria optara por aprovechar la posición debilitada de Canadá para obtener mejores condiciones comerciales, México correría el riesgo de deteriorar su relación con un socio que históricamente ha sido clave en las negociaciones del T-MEC. Una dinámica que enfrente a México y Canadá entre sí reduciría su capacidad de acción conjunta y aumentaría su dependencia relativa de Washington. Por ello, conviene ponderar si las ventajas inmediatas compensan el eventual debilitamiento de esa alianza trilateral y sus implicaciones para la previsibilidad del marco comercial regional en el largo plazo.

Por el momento, el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por mantener una relación pragmática con Estados Unidos, sin capitalizar las dificultades de Canadá para desplazar a Ottawa. En múltiples ocasiones, su administración ha defendido públicamente la continuidad del esquema trilateral y ha reiterado que su objetivo no es un tratado sin Canadá. México se enfrenta así a una decisión de fondo: reforzar su postura histórica en defensa del trilateralismo y del fortalecimiento del T-MEC, o bien buscar un mayor acceso a Washington, sin garantía de que ello se traduzca en mejores condiciones arancelarias.

En suma, el alejamiento entre Estados Unidos y Canadá puede brindar a México una ventaja táctica, aunque no necesariamente una ventaja estratégica. Cada opción conlleva beneficios y costos, y corresponderá a la Presidenta Sheinbaum decidir qué factores priorizar. No obstante, a largo plazo, el verdadero éxito de México no dependerá de obtener mayores ventajas que Canadá, sino de consolidar un marco institucional lo suficientemente sólido para reducir la necesidad de renegociaciones constantes del T-MEC y disminuir su exposición a la variabilidad del entorno comercial internacional.

Este texto fue escrito por Natalia Morales, Consultora de Asuntos Públicos en Grupo Estrategia Política.

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